miércoles, 23 de diciembre de 2009

La otra cara de la crisis


El portal television.com.ar dedico su sección "en foco" a Tratame Bien:

Haciendo gala al dicho "si hay miseria que no se note", la televisión en crisis hizo ajustes por todos lados, y en contados casos fue generosa con ciertos programas. El niño mimado del año fue Tratame bien. El unitario de El Trece esquivó la crisis en todo sentido, y lo que reflejó en pantalla fue lo mejor del año.
Tratame bien es la ficción que más elogios despertó esta temporada, tanto en la industria como entre los televidentes. La historia de desamor entre una pareja madura que se encamina indefectiblemente al divorcio cautivó desde el trabajo de calidad de los actores, la minuciosa dirección, los libros pulidos al máximo y el gran despliegue técnico.
El mayor capital de la ficción fueron las interpretaciones, y para llegar a este nivel El Trece delegó la responsabilidad en dos actores de indiscutible prestigio y trayectoria: Julio Chávez y Cecilia Roth, que no son populares ni masivos, pero sus reputaciones fueron suficientes como para llamar la atención de la mayoría.
Rodeados con un elenco de actores no menos habilidosos y otros importados del teatro y del cine, Daniel Barone manejó los tiempos desde la dirección poniendo su impronta en cada escena.
Además, los libros nunca desviaron el camino:
Tratame bien fue previsto para que tenga 13 episodios y termina con 37. En esta prolongación, la historia respetó la idea inicial, no cayó en situaciones descabelladas e inverosímiles para extender la trama. Por este camino también se manejó la inclusión de participaciones especiales, todas realizadas por actores de primer nivel que aceptaron componer personajes fuertes y atípicos.
Por no haber mezquinado recursos y por no descuidar ningún aspecto,
Tratame bienfue un producto de otra realidad, privilegiando la calidad por sobre lo económico. Elección que deja al televidente ávido de televisión de calidad y totalmente agradecido.

FUENTE

Television.com.ar entrevista a Cecilia Roth

¿Qué balances haces de 2009 y de tu protagónico en tratame bien?
Me cuesta mucho hacer un balance porque eso me hacer caer en la cuesta que todo terminó. Por un lado se cumplieron por demás mis expectativas con respecto a mi vuelta a la televisión, hacer unitario, trabajar con la continuidad que exige la televisión. Me volvieron las ganas de trabajar en televisión, de realizar este formato. Pero por lado, estoy muy apenada por el final, tengo un vacío en la cotidianeidad que se llenaba con cansancio e intensidad, pero que lo viví con mucho placer y compromiso, tanto desde mi lado como el de mis compañeros. Cuando me engancho con un proyecto dejo que las cosas fluyan y me entrego de manera completa. En este caso, los meses de trabajo fueron extraordinarios y los disfruté un montón.

¿La vas a extrañar a Sofía?
No se si al personaje mismo, ya que es complejo, contradictorio, inmadura. Ella se fue encontrando consigo misma a lo largo de los capítulos. Sofía era una mina que al principio de la historia era una persona acomodada en su posición, viviendo una realidad muy burguesa, con marido e hijos. Pero a partir del primer programa, cuando se entera que José (Julio Chávez) tiene una amante, hace una explosión en su vida donde no tiene demasiadas herramientas para sostenerse. El personaje se fue jugando a lo largo de la historia cada vez más por su familia y y sus ideales. Dejó de ser esa señora burguesa y conflictiva para conocerse a si misma. A Sofía se le saltaron los tapones en Tratame bien y es el punto de bisagra desde donde compuse el personaje.

¿Cómo recibió la gente a Sofía?
Poca calle hice esta parte del año, pero las veces que salí de Pol-ka la gente me demostró que Sofía y José reflejaban situaciones típicas de parejas. Dificultades con el vínculo y peleas las tienen todo el mundo. Pero a ambos, una de las cosas que nos decían fue que nos tratemos bien. La gente no se reflejaba en uno o en otro, sino en la pareja, y gente muy dispar, de diferentes clases sociales y económicas. En los vínculos amorosos somos todos iguales, no nos diferenciamos en nada entre nosotros.

Rolling Stone entrevista a Julio Chávez

Si pensamos la televisión argentina 2009 como un territorio que acepta la conquista, entonces hagamos foco en la reserva de calidad. Son las dos de la tarde de un martes. La producción deTratame bien para para comer. Y Julio Chávez me dice que en la esquina tenemos un bar.

El intempestivo José Chocaklian que Chávez compuso para la tira de Pol-ka es un hombre que asiste al derrumbe de la cadena de jugueterías que fundó su padre, al mismo tiempo que asiste al naufragio de su matrimonio de veinte años con la Sofía que compuso Cecilia Roth.

Y ahí va José, dándole para adelante contra la vida y, de paso, contra una televisión entera.

-¿Con qué materiales construiste a José Chocaklian?
-Es una mezcla de cosas, de tendencias mías que ya había desarrollado, otras que no tanto, más algunos pedidos concretos del libro. Yo diría que es un rol que tiene varios padres.

-Pero debe haber una idea dominante, un punto de partida.
-El temperamento y el afecto. José es un ser que por un exceso de afectividad, es muy temperamental. Siempre lo he construido bajo la impronta de un personaje sumamente creativo, pero que tiene que hacer entrar su temperamento, su afecto y su subjetividad en el interior de un lenguaje cotidiano. Si José hubiese desarrollado su vida en el campo artístico, hubiese encontrado otra expansión, pero su cotidianeidad está hecha de escenas extremas, propias de su naturaleza, y de las cuales solamente el arte podría hacerse cargo, porque para la vida social son muy excedidas. Es como una persona que debe repetir la escena de lo que le pasa en el interior de una partitura social que no está hecha para eso.

-Ahora bien, los límites que le impone esta partitura social a un tipo que no se puede terminar de expresar, inmediatamente, lo conducen a él y a quienes lo rodean hacia una angustia un poco insalvable.
-Mucha angustia, muchos excesos. Ubicá a un ser temperamental en un traje que le va chico, y bueno, ahí lo tenés a José.

-¿Qué cosas de su etnia, de su pueblo, te preocupaste por transferirle?
-El armenio es un tipo de por sí temperamental, aunque todos los pueblos tienen su figura en este sentido. Vos agarrás a un tano calabrés, a un alemán...

-Cualquier charla con cualquier armenio desemboca siempre en el genocidio turco, sin embargo, no es un tema que José tenga a flor de piel.
-No sólo no lo tiene a flor de piel, sino que cuando apareció la oportunidad de incorporar el tema, yo decidí que no quería llevar a José hacia allí.

-¿Por?
-Yo creo que la ficción se puede hacer cargo de ciertos asuntos, pero hay otros que prefiero que sean reflexionados en el interior de otros espacios. El programa no lo resiste todo...

-Supongo que José tampoco.
-Tampoco. Todo programa es un barco que admite cierto peso, como un ascensor: capacidad máxima, ¿viste? Cuando planteamos la posibilidad de meter algo del tema turco, yo dije: "No lo hagamos". Consideré que el programa no resistía el peso de esa enunciación para después dejarla sólo como un comentario biográfico acerca de un pueblo.

-Hay otro aspecto de José que tiene que ver con su crispación, una palabra que se puso de moda. El gobierno se crispa, la oposición se crispa, vivimos crispados... y José pareciera hacer de ese estado su estado natural, como si expresara la época. José, finalmente, pareciera ser su país, o mejor, un momento de su país.
-Es un correlato posible, pero yo no me propuse construirlo desde la actualidad. Yo entiendo la crispación como la permanente amenaza de una explosión que nunca se produce, algo que al final siempre se contiene; y José no se contiene. En esta historia, en todo caso, la crispada es Sofía, y no José. Es ella la que está todo el tiempo haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantenerse socialmente aceptable, un poco como el resto de esa familia, siempre tan huidiza. Todos huyen, todos se esconden, José es el único que no tiene donde esconderse, y mientras todos guardan sus secretos, él los revela desde el primer capítulo. Es un pelotudazo.

-¿Qué te pasa a vos con José?
-Yo, como todos los actores, sostengo la ideología de no criticar el rol, sino de entender sus razones, y yo entiendo las razones de José. No conozco a ningún ser humano que haya elegido ser un mal padre o un mal marido. Algo pasa, finalmente, si no fuiste un buen padre o no fuiste un buen marido. En ese sentido yo me siento muy unido a José. El mete la cabeza y cuando alguien mete la cabeza, va a ser criticado. José es el rey de esa familia, es el león de la manada y siempre va a ser visto y criticado en esa perspectiva. Desde ese punto de vista, es un tipo que me conmueve mucho. Yo he querido construir un ser que sea capaz de irritarte, pero que sea honesto. Y, sobre todo, no he querido intelectualizarlo.

-A ver...
-No quise que José fuera una idea, quise que fuera una experiencia. No quise quedar enredado en la idea de un actor que construye la idea de un ser humano. No: intenté construir una persona. Porque ¿qué lo salva a José? ¿Qué lo protege? El hecho de que es un ser humano, de que está dentro de las posibilidades del ser humano. Es un tipo con miles de lugares por donde lo podés quebrar, pero que tiene miles de lugares donde su humanidad lo rescata nuevamente. Ese fue mi deseo de construcción de José Chocaklian y, tengo que decir, estoy contento.

Una madre con ascendencia egipcia que resignó aristocracia europea para casarse con un carpintero alemán de origen judío que llegó a Buenos Aires como tantos alemanes, tantos judíos, desclasado de su lengua y de su tierra, y que se puso a fundar familia en una casita del barrio de Núñez, con patio en el fondo, jardín y limonero. Una infancia yendo a River, yendo a visitar a la abuela al geriátrico de San Miguel, yendo al centro a mirar vidrieras los domingos después del mediodía.

-Las vidrieras eran el mundo, en las vidrieras estaba el mundo.

El pequeño Julio Hirsch tenía 8, 9 años, y en casa, con su hermana, respiraban el desarraigo de unos padres que habían perdido tantas cosas, pero que permanecían juntos y en búsqueda constante de las convenciones que la familia argentina años 50 se debía a sí misma -no siempre las encontraron- y que, finalmente, fatalmente, se revelaban tormentosos y caóticos.

-Conozco bien lo que es el quilombo familiar, el exabrupto afectivo, lo que significa pedir algo a través de una escena desmedida e infantil. Eso también me permitió construirme, es algo que no me asusta.

El señor Hirsch no cebaba mates, ni hacía asados. Su hijo, el actor Julio Chávez, cuarenta años después, lo explica con las palabras y la cadencia que, estoy seguro, su padre le hubiera dictado:

-Era cosa de criollos.

No dice "argentinos", ni siquiera dice "porteños". Dice "criollos".

Y en esa voz viaja una forma de entender al otro, una aristocracia del comportamiento, una distancia. Que se parece a la distancia que el mismo Chávez decreta cuando habla de su padre, a quien en ningún momento de la charla referirá como su viejo, o su papá. Siempre es, son: mi padre, mi madre. Las palabras en Chávez tienen un peso y una forma que no van a interrumpir la evocación, por sentimental que esa evocación se ponga.

-¿Qué te dejó? ¿Qué te dejaron?
-Yo tuve mucha suerte en ese sentido. Mi padre era un pésimo carpintero, nunca hizo un mueble derecho. Entonces la falla, que es la gran entrada para que el arte se ubique, yo la conozco desde muy pequeño. Mi padre tenía un corazón enorme, pero también era enorme su dificultad para estructurar: no había mueble que estuviese derecho, no había repisa que no estuviera chueca; de manera que siempre advertí que la estructura podía estar corrida, y para mí eso fue una autorización a mi subjetividad para que pudiera construir fuera de la ley.

-La virtud del error.
-Sí, pero eso también me trajo un problema, porque cuando me empecé a formar, tuve que aceptar que no solamente la subjetividad me iba a gobernar, sino que yo tenía que aprender que no todo estaba chueco, que había ciertas leyes que yo tenía que empezar a respetar.

-Podríamos pensar que la imperfecta carpintería de tu viejo se proyectó hacia la obsesión perfeccionista que se nota en muchos de tus laburos.
-Yo sacaría esa palabra.

-¿Cuál?
-Obsesión. Quiero decir, el detalle es el trabajo del actor.

-Te acabo de ver corriendo una taza que, en la continuidad de la escena, no estaba en su lugar. Y había diez tipos en el set, incluyendo a Norman Briski, a cuyo personaje pertenecía esa taza, pero fuiste vos el que la vio y la corrigió. Y sin embargo, venís de la imperfección, del desplazamiento.
-Mirá, para que una perla se pueda correr, tiene que estar primero en el eje del collar. Y yo no me ocupo de la perla que se corre, yo me ocupo del collar. La perla, descuidate, se va a correr solita. El deber, para mí, es fundamental, porque sólo manteniendo el eje adviene la posibilidad de ese desplazamiento.

-¿Cómo sería eso?
-Hay que hacer los deberes para que lo diferente suceda.

Mas de la entrevista en el siguiente link: http://bit.ly/7Iwe8Q


martes, 22 de diciembre de 2009

El final de Tratame Bien


Sin muchos detalles y para los ansiosos, ya circula por la web como se desarrollará el final del unitario del año. Para respetar aquellos televidentes y lectores, no publicaremos directamente la info, sino que dejamos el link para que quede en la elección de uno leerla o esperar al mismo miercoles 23.15.

Saludos.




domingo, 20 de diciembre de 2009

José Y Damián se despiden



Él no puede aceptar que su hijo ya es un hombre maduro. En una despedida íntima, José, le regaló un obsequio que le había regalado su abuelo en un momento importante de su vida. Una escena entre padre e hijo, que resume ese lazo inigualable.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Descargá la música de Tratame Bien



Ya subimos el tema final del capitulo XXXVI, "Me tengo que ir" de la Portuaria. Descargalo ya: DESCARGA DIRECTA


Te dejamos la letra:

No me preguntes por qué
pero me tengo que ir
debo partir, vida mía
la suerte está echada
me tengo que ir

Te dejo besos y rosas
me llevo días de amor
me llevo lágrimas dulces
y tus labios rojos en mi corazón
Me llevo lágrimas dulces
y tus labios rojos en mi corazón

Y el mundo es grande querida
pero no te olvidaré
yo sé que un día mi vida
si cambia la suerte yo regresaré
Yo sé que un día mi vida
si cambia la suerte yo regresaré

Ay, vida mía, te llevo junto a mí
lejos de casa mi alma vive en ti

No me preguntes por qué
pero me tengo que ir
debo partir, vida mía
la suerte está echada
me tengo que ir


Además podes podes descargar el Soundtrack con los mejores temas que supieron ambientar los momentos inolvidables de la serie: DESCARGA DIRECTA


Audiencia | 16.12


El Trece emitió anoche el penúltimo capitulo de Tratame Bien. El unitario más premiado de Pol-Ka lideró su franja, logrando la marca más alta del mes tras reunir a 922.100 telespectadores y 17.5 puntos. Con una cuota de pantalla del 39.6 %, Tratame Bien marcó este miércoles su mejor rating del mes, subiendo 1.6 puntos y 126.900 espectadores respecto al resultado de la semana pasada (795.200 y 15.9). Por su parte Botineras cosechó 14.2 puntos y 663.200 telespectadores, bajando 0.8 puntos y 71.900 espectadores.